domingo, 30 de septiembre de 2012

Tantos males tan deprisa, y tengo que parar para aprender a ser feliz.

Suelo acelerarlo todo por mis ganas de sentir.


Pero, ¿puedo sentir?.
Hace tiempo que mi piel, ansía inevitablemente el roce de otra piel, el roce constante de un abrazo, de alternar entre los brazos y el tacto de las sábanas, de una mano escurridiza y curiosa en el terreno de una camiseta...
Da igual cuantas veces lo intente, sigo sintiéndome vacío, da igual con quién, sigo sintiéndome solo.
Tengo que aprender a no presionar la llamada de París, ni el ritmo de dos latidos al compás de un mordisco en la oreja...
Tengo que aprender a dar los besos con el freno de mano echado, y a pedir, por favor, que me enseñen a querer.
Que el principal problema es el miedo que parte desde un beso en la mejilla, hasta que su paraíso diga que no soy suficiente.

Que la voz que quiero oír, es la suya, y no las de mi cabeza.
Que no tengo que quererte ya, que no sé si voy a poder quererte, que no tienes que quererme ya, que no tienes por qué hacerlo.
Aceptar, que tras ésto, salga bien, o salga mal, no voy a volver a ser el mísmo.
Que siento las agujas del reloj en la garganta, y sólo noto que cesan cuando no hay caminos de aire.
He vuelto a madrugar, y las mañanas a mi lado se me hacen eternas.
Que necesito emborracharme, que necesito probar lo que dije que no haría, que necesito no ser yo por un momento.
Que quiero que me quieran, y quiero querer queriendo.
Que pierdo lo que tengo, y lo que pierdo, lo pierdo a la primera.
No hay playas con mis huellas, ni hoteles con mi guitarra sonando en la terraza, que no hay bragas en la lámpara, ni dos voces en la ducha, que no hay parques ardiendo, ni cervezas por la casa.
Que se supone que todo tiene que ir a su tiempo, pero yo no tengo hora.





Tantos males tan deprisa, y tengo que parar para aprender a ser feliz.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Sonrisas de papel.

El charco hace nacer un mar dentro de la zapatilla, mi pelo deja caer gotas sobre mi cara, y yo las dejo morir entre los dientes, las manos, en los bolsillos, intentando mantener el movimiento de la circulación. Me cruzo con medias mentiras, con cáscaras humanas, con aceras abandonadas por la inocencia de un beso en la mejilla, y parques que, por su localización, nunca vivirán el roce de dos cuerpos jóvenes y enamorados con ganas de tenerse.
Ya van tres pestañas menos, debo estár quedándome sin ellas. "Que todo funcione" pienso antes de soplar la tercera. Otro deseo más.
Veo la caída desde una mampara de cristal cercana a la valla de un puente. Vaya vistas, pienso, seguro que a ella le encantarían.
Dejo pasar el día entre dudas y dolores de garganta y oídos. Subo al bus, dirección vuelta a casa, y mientras miro su foto, me pregunto qué me depara el futuro, si ella está en él, o nuestras tripas, se olerán, y echarán a correr.
Miro a la derecha y veo a una de las pocas personas que considero amigo, miro hacia atrás, y veo a una chica con la que compartí horas hace tiempo.
Por qué se me hará tan difícil encajar, por qué siempre me siento distante a todo, y siempre pienso que todos utilizan una máscara conmigo, que en realidad nadie me soporta, y que mi futuro será ir saltando de brazo en brazo, de amigo en amigo, de caricias en caricias... Esperando a que se agote el tiempo que tengo con cada persona hasta que se da cuenta de que no merezco la pena.
Bajo del autobús y entre las gotas de lluvia escribo a duras penas un mensaje a una amiga, la cual sólo intenta animarme, y a la que yo se lo agradezco de todo corazón.
- Vamos Javi, qué coño te pasa, tienes casi todo ahora mísmo, mañana tienes un sábado perfecto, tienes amigos y amigas que te apoyan y te quieren, de qué cojones te estás quejando - Me dice el espejo del salón.
Yo, no puedo hacer más que agachar la mirada y meterme en mi cuarto.
Abro la litera, desengancho las cuerdas, me quito la ropa, y me tumbo.
La cama está fría, así que me tapo con el edredón.
Miro hacia el lado, y veo lo bien que podríamos estár juntos tumbados aquí.
Tú, siempre cansada, dormida a mi lado.
Yo, siempre curioso, buscando con caricias tu pulso por la tripa.
Vuelvo a la realidad.
Ambos aún no sabemos nada, no debería montarme éstas historias cuando ni siquiera sabemos si queremos vivirlas.
Me bajo de la litera y pongo una canción para animarme, me tomo un par de pastillas y vuelvo a construir una sonrisa falsa.
Total, ya no se me hace difícil.

martes, 25 de septiembre de 2012

Pongamos que hablo de Madrid... en tus ojos.


Hoy hace viento en Madrid. Noto cada golpe del aire, que me levanta la chaqueta, como si me desarmase. La dejo caer de los hombros arrastrada por la mochila, como cuando separo de mi cuerpo mi armadura ante la primera palabra tierna que me dices.
Lo difícil no es ser una burbuja, lo difícil es ser capaces de dejar de serlo, para hacer una juntos.

Algo en mi piel, me dice que en cuanto te vea dejaré de pensar en todo lo malo que puede pasar, y en mis ojos no cabrá más que tu imagen reflejada. Algo en mi cabeza, me dice que somos demasiado distintos, a pesar de ser iguales. Reconozco que estoy asustado. Tú tienes tu mundo, y en tu mundo no me necesitas, ni necesitas alguien como yo. Te mereces algo mejor, alguien que te haga feliz, y yo no puedo.

No quiero experimentar el camino más fácil del amor con tu imagen en mi cabeza, te quiero a ti. Recordándome todo eso que hace tanto tiempo que no siento, y ayudándome a no tropezar con los miedos
que me chillará tu ropa en el momento en el que toque el suelo, con las dudas que me morderán cuando, por un roce casual del tránsito de la gente, se rocen nuestros dedos.

Entiendo, que tu pelo es libre de apoyarse en el pecho que él quiera, que tus ojos, son independientes de mirarse en los que gusten, y que tus pasos, siempre estarán dispuestos a separarse de mi.

Quiero vernos morir un poco más con cada despedida, y nacer de nuevo con cada "-Te quiero - Y yo a ti."

Pero siento que apostar mis besos al número par de la ruleta de tu espalda, es inútil, porque siempre habrá otros mejores dispuestos a perderlo todo al rojo de tu pelo. Quizás no tanto como yo, pero tal vez suficiente para ti.
Sé que el tiempo hace rozadura, y que por mucho que nos abracemos, todo termina, pero quiero ponerle tu nombre a mil canciones, y recordarte en cada escenario como algo que me devolvió la vida.

No sé lo que es escucharte a tres centímetros de mi boca, ni hablarte delante de un café. No sé lo que es sentirte agarrada a mi cuerpo, y oírte decir que estás feliz de verme. No sé lo que es cantarte, ni dibujar tu nombre al lado de un corazón en una hoja de cuadros. Tampoco sé lo que es mirarte más allá de las pupilas de cristal en la pantalla. No sé lo que es besarte mientras la lluvia nos empapa. Ni sé lo que es abrazarte veinte segundos antes de soltarte en la estación. No lo sé, por tanto, no voy a decir que te quiero, no pienso decir que te necesito, y no pienso ocupar el lado débil de la cama. Pero ten claro, que estoy deseando saberlo.









jueves, 20 de septiembre de 2012

Ni siquiera ella.

Y su piel, la de versos que me dijeron sus poros..
Y sus manos, gobernando el ejército de escalofríos
que subian por mi espalda, dispuestos a invadirme.
Sus labios, la de besos que robé a cambio
de pedirle la reventa.
La cascada de mordiscos que desembocaba en su sexo.
El jugar al escondite por la cama con los dedos de sus pies.
Y rendirme al pilla pilla con sus abrazos.
El espejo que la veía peinarse todas las mañanas.
Y la alfombra en el suelo que la despeinaba
cuando yo me despertaba.
El surco que quedó de naufragar tu pecho.
Y el plano aéreo del techo viéndonos dormir.
Mis ronquidos, tus palabras a ojos cerrados,
las manos entrelazadas sin que nos diésemos cuenta.
Las horas clavadas como cristales en las uñas
que pedían un ratito más en el sofá, tumbados.
Su culo desde lejos, diciéndome adiós.
Su pelo, que gritaba que ya nos veríamos.
Sus ojos, diciéndome por última vez, que debía sonreír más.

Y entonces, me di cuenta, de que hasta la desconocida me había abandonado.



domingo, 16 de septiembre de 2012

Si Gran Vía fuese un tobogán de besos.

Si pudiésemos morder nuestros miedos, si pudiese meterme en tu cuerpo junto al ruido que genera un beso, y arrancarte de las entrañas todo lo que nos impide saltar de cabeza a la piscina de tu pecho, sin preocuparnos de caer mal, y hacernos daño.
Si pudieses hacerme creer que nadie se meterá entre nosotros, porque no están a mi altura, y hacerme no dudar de todo lo que hago... Si pudieses...

Si tu piel, no necesitase más que estár cerca de la mía, si mis dedos, tuviesen como mayor afición perderse por tus recovecos...
Si me enseñases a quererte, si me ayudases a luchar contra mis instintos, contra los relojes que dicen que se me está escapando la vida, contra todos los expertos del corazón que me dan consejos que ellos no siguieron en su momento...
Si Gran Vía fuese un tobogán de besos, y Callao hablase para pedirnos que volviésemos a bajar una y otra vez.
Si al mirarte, mis ojos brillaran como cuando de pequeño ibas a comprarte un juguete nuevo.
Si al mirarme, vieses en mis ojos todo lo que encierran, y quisieses vivir en el parque de atracciones de mis labios...
Si tu ropa interior me clavase las uñas a la vez que me dice te quiero...

Pero a pesar de todo, somos dos cubitos de hielo que anhelan el calor del otro, pero tienen miedo de terminar derritiéndose.




domingo, 2 de septiembre de 2012

Algún día tendrás nombre.

-¿Me abrazarías?
- Pues claro.
-¿Sólo eso?. ¿Soy lo primero que ves al despertar, y sólo me abrazarías?
-Tienes razón, tras abrazarte desayunaríamos besos en la ducha, luego, un café
con esencia de tu espalda en la alfombra, y para terminar, un mordisco en el cuello.
-¿Y ya?
-No, saldríamos a comer fuera, a un restaurante con clase, nada de tonterías.
-¿Un KFC?
-¡Pues claro!. ¿Lo dudabas?. Más tarde, te compraría una de esas rosas 
que vende el chino en la puerta del Corté Inglés, que siempre me ha dado mucha pena.
En el autobús, me dedicaría a jugar con tu pelo todo el camino. Iríamos al cine, 
a ver una romántica con la que ganaría algunos mimos a la hora de dormirnos de nuevo.
Al salir de éste, haría el idiota con el cubo de palomitas en la cabeza, sólo para sacarte una sonrisa.
Y al llegar a casa, hacemos la cena juntos.
-¿Dos cervezas, patatas y aceitunas?
-Sí, pero con los cuencos transparentes, esos tan "cool". Y para terminar, te cantaría unas canciones en la terraza, y luego hablaríamos en la cama hasta que te duermas.
-Pero Javi, no tenemos terraza.
-Ya. Ni tú y yo nos conocemos todavía.


viernes, 31 de agosto de 2012

Miedo a luchar contra la soledad.

Tengo miedo. Siempre se tiene miedo.

 

Tengo miedo de que mi barrio sean tus ojos.
De que las calles donde me pase los días, sean tus labios.
De quererte poco a poco.
De quererte demasiado rápido.
Tengo miedo de compartir el espacio de mi ducha en dos.
De no dormir por verte tumbada a mi lado.
Me asusta el hecho de que tus manos sean las únicas 
capaces de hacerme sentir placer.
Tengo miedo de verme preguntandome si habrá alguien 
después de ti.
Tengo miedo a que lo que hoy son buenos recuerdos,
terminen siendo compartidos, y se rompan.
Me da miedo que las canciones que hoy me emocionan
mañana me recuerden a nosotros.
Tengo miedo de que mi semen sea causa de camas equivocadas.
Tengo miedo a que tu pelo sea el único sitio donde viva
mi voz.
Me asusta compartir el primer rayo de sol.
Tengo pánico a que el sofá no quiera otras piernas estiradas,
tal que las tuyas apoyada sobre mi.
Tengo miedo de que escribas una historia inolvidable.
Tengo miedo de dejar de quererte mañana.
Me asusta tenerte. 
Me asusta perderte.
Me da pánico tener que buscarte al fondo de un vaso.
Y me da miedo encontrarte entre acordes y versos.
Tengo miedo de no saber como crear una risa inevitable
en mitad de un llanto.
Tengo miedo de ser el protagonista de ellos.
Tengo miedo de dudar.
O de estár seguro de todo.


Tengo miedo de conocerte, o de darme cuenta 
de que ya estás a mi lado.

jueves, 30 de agosto de 2012

El mundo tras mis ojos.

Una de las cosas que siempre me ha dado por imaginar, es la típica escena
en mitad de una calle enorme, tal como Gran Vía, repleta de gente andando 
en dirección contraria a la mía, y en medio, destacando entre todos, 
una chica llorando. Entonces yo me acercaría y...


Serían más o menos las nueve de la noche, ya estaba oscuro
pero la luz de los neones de la Gran Vía dejaban ver con claridad
cualquier detalle que hubiese.
La música sonando en mis cascos creaba en mis ojos un mundo para mí solo.
Todos, o la gran mayoría iban en dirección contraria a la mía.
Yo, miraba mis zapatillas, primero una, luego otra... andando contra todos.
De repente, levanté la mirada y la vi. 
Estaba en mitad de la multitud, mirando al suelo... tan guapa...
Al acercarme, ví una lágrima que se suicidaba en su labio inferior
y moría ante el paso de su lengua, que la borraba de éste.
Normalmente, habría seguido mi camino de vuelta a casa,
pero algo me hizo pararme.
Me quedé delante de ella, soportando los codazos que me daba la gente
que andaba por la inmensa calle del centro de Madrid.
La agarré las manos, estaban heladas, me miró extrañada.
¿Estás bien? Le pregunté.
Sin decir nada, se limitó a abrazarme. Yo, también lo hice.
Me miró por primera vez a los ojos, la separé de mi cuerpo,
y arrastré con los dedos el maquillaje corrido por las lágrimas.
Tranquila. Susurré. Pero ella pudo oírme.
No necesitabamos un sitio más tranquilo, no necesitabamos nada
en ese momento, sólo estabamos ella y yo.
De nuevo, la di la mano y nos sentamos a un lado de la calle.
Y durante una hora, debatimos sobre temas tan importantes
como el sabor del regalíz, y las mil formas de mirarnos.
Tenía que irse, tenía que irme.
Nos levantamos, la agarré con una mano de la cintura
y la otra la perdí en su pelo. Luego, en pleno invierno,
vi la primavera en sus labios.
Me preguntó mi nombre. La volví a besar. 
La pedí entonces, que cerrara los ojos y contara hasta diez.
Al abrirlos, yo me había perdido entre la gente, y no nos volvimos a ver.

Cuándo lo conté, me dijeron por qué lo había hecho. Miedo, contesté,

ella era la mujer con la que me despertaría todos los días, y aún era muy joven.




Varios años después, estaba preparando mi primera maqueta, 
era mi segunda actuación en la sala Galileo Galilei, estaba cumpliendo mi sueño,
y antes de empezar la canción que llevaba su nombre, decidí mirar al público...

... Y entonces...

Más rencores que besos.

Si hay algo triste, es descubrir que la persona a la que una vez quisiste, hoy no la puedes ni ver.

Me remonto a mi infancia, me gustaba una chica, no era nada especial
pero a mi me llamaba la atención.
Cosas de niños fue todo lo que hubo, luego, no la volví a ver.
Años después, y tras aprender a vivir en una montaña rusa, me mudé.
Casualmente, ésta chica me agregó a cierta red social que yo usaba
por esa época.
Conversamos, nos reímos, y resultó que vivíamos en el mísmo barrio.
No sé por qué, pero a mi sus ojos me seguían diciendo algo,
y tenía muchas ganas de saciar mi sed de descubrir el sexo opuesto
por primera vez.
Me llevé un rechazo en el primer intento, cosa, a la que como sabéis,
ya estoy acostumbrado.
Dejé pasar un año sin hablarnos, y por las mísmas fechas del año siguiente,
volví a intentarlo, ésta vez, funcionó.
La primera vez que nos volvimos a ver, fue rodeados de amigos.
Por Dios, si me hubierais visto, sin haber besado en serio aún, sin haber tenido
ni siquiera una experiencia que contar.
Era un flan nervioso, por así decirlo.
La tarde pasó como pasan las tardes normales, hasta que todos se fueron,
y nos quedamos solos.
Yo daba rodeos al mundo intentando que no se me notasen los nervios,
al final, ella me besó a mi.
Qué os voy a contar sobre esos meses, fui feliz, eso no lo pueden cambiar.
Y con ella fue la primera vez que me perdí entre unas sábanas.
Pero el reloj gritaba que se me estaba escapando el tiempo,
las camas que no he probado me llamaban,
y las calles me susurraban un poco más de libertad.
Ahí empezó mi pesadilla.
Las dudas han formado siempre parte de mi vida, pero ésta vez se quedaron...
Para siempre.
Empecé a tener de forma enfermiza unos celos a causa de historias que se inventaba,
empecé a no dormir, porque no sabía si realmente quería seguir viviendo en su boca,
empecé a terminar algo que tal vez, no debió haber empezado.
Intentamos dejarlo, pero no salió bien.
Al final, tuve que irme a la otra punta del mundo de viaje durante un mes.
Y encontré las respuestas que buscaba.
Ya no la quería, me quedaba mucho cielo por ver, y quería verlo junto a otros ojos.
Cuando volvimos, lo dejamos. Intenté que no doliese, pero ella se empeñó en complicarlo.
Al final, por unas o por otras, dejamos de hablarnos.
La historia que parecía haber sido escrita por el destino había sido borrada por mi.
Entonces, dejé de creer en todas esas historias bonitas,
dejé de ser el mísmo.
Quedé como el malo de la relación, pero fuí el que más heridas se llevó.
Ahora no soy capaz de estár con nadie, no soy capaz de querer, y
los relojes que en su día gritaron, hoy no me miran,
las camas que me llamaban, hoy no me cogen el teléfono
y las calles que me susurraban libertad, me dicen que me quede en casa.
Ella está con otro chico actualmente, tuve problemas con él, pero no les deseo mal,
espero que sean muy felices, y sobretodo, espero no volver a verles nunca.
El amor, puede ser bonito, pero cuando decide irse, quedan más rencores que besos.
 
Tras beber de algunos labios, que también guardan historias,
ahora, ansío enredarme en otros brazos, aprender de otras sonrisas,
y vivir lo que viví con ella, pero mucho mejor.




martes, 28 de agosto de 2012

Carta de agradecimiento.

Me froto la cara con ambas manos, en un intento
de sentirme menos vacío.
Doy un trago a una botella de agua caliente
que hay en la mesa, al lado del plato de la cena de ayer
y un vaso volcado junto al móvil en silencio.
Me voy al baño de mi habitación, abro la puerta
apoyo las manos en el lavabo y abro completamente los ojos
por primera vez ésta mañana.
Debería quererme más, o eso me dicen todos.
Subo la mirada desde el suelo hasta el espejo
y dejo que el azul y el verde de mis ojos se mezclen
al contacto con la luz.
Me paso el día tirado en el sofá, con la mayor aspiración
de llegar a la cama sin aterrizar contra el suelo.
Doy vueltas a lo que ya le he dado vueltas,
y sigo sin encontrar que falla, hay demasiados problemas
en mi cabeza, y ni siquiera me apetece hablar de ellos.
Vuelvo al espejo otra vez, nada ha cambiado,
quizás un poco más de ojeras por el transcurso 
de las horas y la falta de descanso.
¿Por qué soy así?
¿Por qué coño soy así?
¿De verdad mi virtudes contrarestan mis defectos?
Y de ser así, ¿Cuáles son esas virtudes?.
Dios, ésto es una mierda.
Me siento en la silla, la puta mísma silla
en la que dejo pasar las horas frente al mísmo ordenador.
Un mensaje en twitter y un comentario en el blog, 
casi consiguen animarme.
Tras ver su nombre en twitter, supe quién es.
La contesto cordialmente y de forma simpática, como suelo hacer
siempre que alguien me dice su opinión respecto a mi blog,
a mis videos, o a cualquier cosa que haga.
Casualmente, hoy había arreglado el monitor, y veía los colores bien,
dentro de lo que me permite mi daltonísmo, claro está.
Al abrir su perfil, y ver su foto, hubo algo que me congeló.
Sus ojos, verdes, los ojos verdes más bonitos que había visto en mucho tiempo.
Sonreí. Apagué el ordenador, abrí la litera, me acosté en mi cama,
y me quedé reflexionando mirando al techo:
Da igual lo gris que esté el cielo, siempre habrá unos ojos dispuestos
a colorearte las paredes de tu celda, para que te acuestes con una sonrisa.

Ella para mí, es una seguidora de twitter, yo, para ella, exactamente lo mísmo, y ni de lejos intento que eso cambie, pero no podía no darle las gracias por esos tres segundos que estuve sonriendo.

Hoy, ya son en vano, porque mi celda vuelve a ser gris, y por si fuera poco, ni puedo tocar la guitarra.

domingo, 26 de agosto de 2012

Tal vez, y sólo tal vez.

Como dice Marwan, el verano,
es una época en la que me acostaría con todas las mujeres,
pero seguiría queriendo a la mísma.
Y así es, y si hay algo difícil, no es hacer sonar mi pecho,
es mantener ese sonido hasta que el propio eco 
lo haga reventar.
Y esa chica habría sido capaz de hacerlo, o eso prefiero pensar.
Iba con una amiga, al igual que yo, pero su acompañante
no consiguió captar nada de mi atención. En cambio ella, y su pelo moreno,
el brillo de sus ojos, y el camino de besos que escribían sus pestañas, 
si fueron capaz de hacerlo. 
Mi amigo, ni tan siquiera la vió, otra chica que enseñaba más partes de su cuerpo
fue la que le hizo despistarse. 
Al principio, pensé que la había visto mal, no podía ser tan guapa.
Le avisé, la vió, y él también se quedó sorprendido.
Pero yo no quería mirarla, yo quería presentarme, o ni eso,
pedirla que se quedase a compartir inviernos, o a partir mi tiempo en dos...
Y todo lo que hice, fue reírme con una broma de mi amigo, mientras la veía
junto a su amiga, dar vueltas sobre la mísma estantería de discos.
Ahora me pregunto si quizás dieron tantas vueltas, porque ella pensó lo mísmo...
Menuda estupidez, pensar eso de mí.
Al final, la perdí entre la gente del centro comercial, y en mi cabeza
sólo gritaban la inocencia que despedían sus shorts, 
junto a la invitación de dejar mi vida en su espalda...
Y el chico que venía conmigo, no dejaba de compararla con una cantante comercial,
yo me reía, pero qué cojones, ella no tenía comparación.
Sería una estupidez, aunque capaz soy de hacerlo, volver al Fnac todos los días
con la vana ilusión de volver a verla.
"¡Si la vuelvo a ver, la hablo!" me digo.
Y siempre termino contestandome:
"Javi, nos conocemos desde hace 17 años ya, te faltarían los mísmos huevos
que te faltaron ayer, cuando la tuviste a diez centímetros de tus labios, y ella te tuvo a diez centímetros de los suyos, 
los que tal vez, y sólo tal vez,
podrían haberse pasado la vida contándose secretos."

Pero ya nunca lo sabré, como tantas cosas que nunca podré responder. 



lunes, 20 de agosto de 2012

Sí, se acordaba.

- ¿Qué? No puedes decirme que no.
No puedes decirme que no te gustaba
como te sonreía por las mañanas
mientras llevaba una bandeja de los Simpsons
con un café y tres besos
y desayunábamos juntos en la cama.
Me niego a creerte.
No puede ser, no puedes haber olvidado
la forma en que escribía manías sobre tu espalda...
¿O acaso cerrabas los ojos y no pensabas en mí?
Ahora dirás que ni siquiera te acuerdas 
de la vez en la que tu padre nos pilló
juntos medio desnudos en el ascensor...
¿No te acuerdas?...
Pues yo no puedo olvidarme de como 
cogías el calendario y lo dividías
para que todos los días fueran para dos...
Ni de como me pedías sólo un rato más de besos,
ni de tu pelo cuando te lo ponías detrás de la oreja
ni de tus maravillosos celos.

...

Sabes, supongo que tienes razón, 
ya de qué vale recordar mis manos 
abrazándote por la espalda frente al espejo.
Ese espejo que nos vió tan felices.
Sí, tal vez soy yo, que estoy equivocado
pensé que estabamos hechos a medida...
Déjalo, ya no volverás a decirme
"Javi, son las heridas de los dos"
Y no sigas fingiendo que te importa
todo lo que te estoy diciendo,
seguro que ni siquiera las caricias
eran de verdad. 
Lo mejor será que me vaya.
Yo... sólo espero que no seas feliz con él...
No te atrevas a llamarme cruel...
No te atrevas a llamarme otra vez...

Me dí la vuelta y caminé mirando al suelo varios segundos, luego, me paré, y me giré para ver si ella aún me miraba el culo cuando nos despedíamos, como hacía siempre.

Pero no, ella ya no estaba, sí, se acordaba de todo aquello, y ahora mis recuerdos se borrarían con la saliva de otro.



viernes, 17 de agosto de 2012

¿Te acuerdas?

- Dios, dime que te acuerdas.
Dime que te acuerdas
de las noches que olvidé
en el cajón de tu mesilla.
De los días que pinté,
cuando tú siempre has sido
la chica del blanco y negro.
Dime que te acuerdas
de la forma en la que
te agarraba de la cintura,
con la que contestabas a modo
de un muerdo antes de irte.
O acaso no te acuerdas
de esa camiseta de los Marea
con la que yo me acostaba
y con la que tú te levantabas.
Y qué me dices de tu sonrisa,
sí, exacto, esa sonrisa.
No puedes negar que no recuerdas
como disfrutabas viendome celoso,
hasta del pizzero ese moreno
que nos traía el pedido.
O de como me decías al oído
lo dulces que eran las horas a mi lado.
No puedes haber olvidado
como veiamos la tele desde el sofá.
Cómo perdíamos los domingos
cantandote acompañando
a la guitarra en la cama,
o viendo alguna película romántica,
de esas con las que me abrazabas
porque ahora tenían sentido.
O de las de terror, con las que
yo, me hacía el gracioso,
pero estaba acojonado.
Dime que aún ves en mis ojos
lo que los parques vieron
de tu espalda sobre el césped.
Dime, al menos, que no te has olvidado de mi.

Tranquila, es normal que no te acuerdes, te prometo que dentro de un tiempo, lo recordarás todo.

Me llamo Javi. ¿Y tú?


viernes, 10 de agosto de 2012

¿Qué es crecer?

¿Y qué es crecer?
¿Es independizarse, ser autosuficiente, tener una vida hecha con un trabajo, un coche, y demás...?
Sí, supongo que eso es gran parte del crecimiento, tanto físico como mental...
Pero no nos engañemos, crecer implica cambiar los picos en el parque del instituto, por besos largos en el cine, y éstos, por revolcones en los portales, y más tarde, amaneceres con desconocidas... Y las despedidas antes de que llegase su padre a buscarla, por un adios mientras se cierran las puertas del metro... Y al final, un abrazo en el último aviso para los pasajeros a la hora de embarcar.
Entonces, ¿Qué es crecer?
Pues sí, crecer es adquirir independencia, tener una casa propia, un coche, ser autosuficiente... Pero no te engañes, seguirás bebiendo por las mísmas cosas, seguirás enfadandote por las mísmas cosas, y seguirás llorando como un gilipollas las noches que te sientas solo, las tardes que te digan adios, las mañanas sin "buenos días"...

Conclusión, ¿Qué es?
Una mierda.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Un trozo de mí.

Necesito tu inicial en la piel
es mi forma de limpiar el polvo 
que han puesto sobre tu nombre
cuanto más lo tapan, me siento más solo...
Hace tiempo que no río como contigo,
hace tiempo que no soy tan feliz
como lo fui agarrado a tus hombros.

Con solo dos manos es difícil 
se complica seguir adelante
lo hizo lo mejor posible, por supuesto.
Ahora le va bien, aunque
estoy seguro de que 
se esperaba algo mejor.
Por mi parte,sigo llorando tu risa
eras mi mejor apoyo
y a veces me caigo por no encontrarte.


En las raíces de mi pelo castaño
quedan mechones del oro del tuyo.
En mis ojos tristes, azul y verde
de la forma en la que tú me distes la vida.
En mis dedos, tus huellas dactilares
casi borradas por la guitarra, 
que para mí, es la única forma de hablar contigo.
Les he visto llorar otra vez, 
todos te echamos de menos...

No sé que debo hacer con todo ésto
solo tú tenías las respuestas...
Por desgracia, él ya no es el mismo...
Hace tiempo que dejé de creer 
en muchas cosas que no perciben mis sentidos
pero el amor, se que de algún modo
existe, 
porque lo vi en vuestros ojos.
Y tengo que pensar que hay algo más allá
porque necesito sentir que volveremos a vernos.


Seis luces mezlaban amarillo, naranja y rojo.
Eso fue lo que nos separó.
Me arrepiento de no haberte abrazado más
de no haberte dicho mil cien veces que te quiero.
Pero quiero que sepas, que uno de mis mejores recuerdos
es verte desde la altura de tus tobillos, limpiando la casa, 
cantando y sonriendo, 
al ritmo de una vieja cinta de Luis Miguel.




Otro día, hablaré del escudo que se quedó a mi lado
de el que es, y del que fue
al que todavía, echo más de menos.


http://www.youtube.com/watch?v=mazsdC3Ugls&feature=plcp


domingo, 29 de julio de 2012

Letra a letra.

Te veo sobre la cama...
Eres tan frágil...
Quisiera encallar en tu pelo...
Uno a uno te contaría los lunares...
Idiota sería si te dejase marchar...
Estás temblando...
Robaría unos minutos al reloj...
O quizás, tan solo unos segundos...

Y te diría que te quiero...

miércoles, 25 de julio de 2012

Como siempre

Siguiente estación: Sol.
Me bajé de esa caja de sudor llamada Metro de Madrid, como uno más entre todos, mismas miradas vacías, mismos empujones para salir, mismas aglomeraciones de personas con sus historias, sus vidas, sus penas y sus alegrías...

Nada era distinto a otras veces, era como siempre, con mis cascos, esquivando codazos y resentimiento en los hombros de la gente que caminaba en dirección contraria a la mía.

De repente, una mirada femenina de ojos claros destacó sobre todas las demás. Mi impresión fue tanta, que mis instintos me hicieron seguir a aquella chica, intentando darme valor cada 5 segundos para hablarla y presentarme. En los varios minutos que andamos no se dio cuenta de que iba tras ella, o eso creía yo. Al fin, se sentó en una cafetería y pidió una Cocacola. Yo, me senté en un bordillo cercano, con mi guitarra a cuestas y la música aún sonando, lo dicho, como siempre. La miraba, la miraba mucho, quizás demasiado, y me preguntaba cómo acercarme sin hacerla sentir incómoda, me avisé mil veces que dejarla escapar sería el mayor error de mi vida, que esa era la dueña de mi cama, la que sustituiría los abrazos a la almohada.

Cada trago a esa Cocacola la alejaba más de mí, y yo ahí seguía, pensando en todo lo que podía hacer para hacerla feliz. No entiendo que pasó a continuación, pero me quité los cascos, volviendo al sonido del transcurso de la Gran Vía, y me acerqué a aquella cafetería. Pagué su bebida y fui hacia ella.

-Sé que es difícil confiar en un desconocido, pero dame la mano, por favor, y vamos a dar una vuelta. Le dije.

Miró la bebida como pensando que no podía irse sin pagar.

-Tranquila, ya está pagada- Afirmé.

Me dió la mano y me preguntó:
-¿Dónde vamos?
-Donde no sea raro que un desconocido te pague la cuenta y te pida que le des la mano, supongo- Sonreí
-Eso va a ser difícil- Sonrió

No sabría explicaros lo que fue esa sonrisa, fue un beso cuando lloras por no saber quien eres, fue querer quedarme a vivir en su ombligo, hacer trinchera en su pecho contra todos esos putos miedos que nos joden la vida.

Llegamos hasta los Jardines del Palacio Real, durante ese trayecto, nos limitamos a mirarnos de vez en cuando, sin soltarnos la mano, y nos sentamos allí.

-Siento si te he asustado- Le dije mirando al suelo.
-Mírame a los ojos tolai, llevas haciéndolo desde que has salido de la estación, ¿Crees que no me había dado cuenta?.

Por típico que os suene, me había puesto como un tomate.

-Yo también te miraba, no me voy con cualquiera- Dijo.

En ese momento en mi pecho había un solo de batería, pensaba que reventaba.

-Anda, ¿Tocas la guitarra?- Soltó rompiendo el silencio.
-Hmpf- murmuré
-Va, cantame una canción.- Me ordenó dulcemente.
-Me da vergüenza- Admití.

Ella sacó la guitarra de la funda y me la dió.

No tienes excusa- Dijo con su perfecta media luna.

Toqué y canté con el pulso a mil y la voz cortada esa canción de ese cantautor que siempre pensé que cantaría a la que sería mi futura chica, esta vez estaba más que seguro de que ella lo era.

A diferencia de lo que pensé que iba a pasar, se emocionó, y entre cervezas, mantas, palomitas y mimos llegamos a lo que somos hoy.
Estoy tumbado en la cama y ella está a mi lado, noto su aliento en mi cuello y su cara apoyada en mi pecho, es tan perfecta... Demasiado bonita para ser real.

...

Y la realidad es que sí, estoy tumbado en la cama, pero ella no está, y ésto nunca llegó a pasar, porque estoy seguro de que cuando sus ojos buscaban los míos... Yo iba mirando al suelo...Como siempre.


domingo, 22 de julio de 2012

Vivo enamorado de ti, desconocida.

Vivo enamorado de tu risa,
de tus pies jugando con los míos entre las sábanas,
de tu quererme a ciegas, 
de los abrazos a persianas bajadas,
del sabor acostumbrado de tus labios,
del no querer desnudar otros cuerpos que no sean el tuyo.

Ya ves,
quiero todo lo que no puedo tener...
Mientras llegas, 
te esperaré sentado en el andén.


Vivo enamorado de tu amanecer desnuda,
de tus maneras, 
del trayecto interminable de tu piel sobre la mía,
de verme reflejado en tus pupilas, 
de vivir adormecido en tu sujetador, 
del sonido de tu voz, recordandome quién soy.


Vivo enamorado de no saber tu nombre,
vivo enamorado de buscar tu mano entre la gente,
vivo enamorado de llamarte,
vivo enamorado de llamarte...
Y no encontrarte.

miércoles, 11 de julio de 2012

Mañana a ojos cerrados

Cuando de la boca se seca la saliva
y las sábanas de mi cama retuercen
entre mis brazos la puerta de salida,
salida hacia tus besos, aunque duelan,
me pierdo por buscar entre los dedos
el roce sincero de unas manos que,
tal como yo,
busquen otras manos que agarrar
cuando por la ventana ves llorar 
lágrimas de las nubes, 
que se suicidan contra el cristal.

Cuando entre los rayos del sol
notas que te congelas solo,
y en cada bocanada de aire 
te vacías poco a poco...
Cuando tus ojos no tienen 
otros iris en los que reflejarse
y añoras que te entiendan 
cuando no quieres quedarte...

Aprendes a vivir entre persianas bajadas
evitando contagiarte y contagiar de dudas.
Haces vida en horarios de madrugada
evitando encontrarte de cara con todo lo que odias,
principalmente, 
al mirarte en el espejo.

lunes, 4 de junio de 2012

Tú serás cuervo y yo espantapájaros.



Me levanto y me intentan tirar
dejadme, cojones, que me dáis igual,
he aprendido a esquivar vuestras gilipolleces
y todas las piedras que tiráis a dar.
Enseño los dientes y mando callar.

Todos son muy buenos cuando no llevan razón.
Victimas falsificadas y te tachan de cabrón,
no admiten que no seas parte en su juego
porque tú fuiste el lobo que los pintó de marrón.


Es muy fácil darles pena cuando no tienen ni idea
los engañas y utilizas siempre a placer y a maneras
de hacer que quien se lleva todo el daño
se lo trague la marea de las bocas churreteras
y tú la buena del cuento, cuento de plástico y mierda.


Jugaste a gusto consiguiendo malgastar mis besos
me arrancaste la piel hasta calar en los huesos
y a pesar de las heridas que dejaron tus restos
me he levantado
tu serás cuervo yo espantapájaros.

miércoles, 23 de mayo de 2012

El sin nombre de un abrazo.

Se hace de noche y yo sigo parado frente al papel 
Preguntándome si por unas o por otras, alguna vez,
el tiempo me dejará mirarte a los ojos para probar como sabe, 
el no sentir dolor al despertar y no sentirse perdido.
Sentirse arropado por un aliento en la nuca
que te susurre sin prisa por si te escapas, buenos días.


Y dejándome caer de la tristeza un segundo
pienso que quizás nos hemos encontrado ya
en algún vagón de metro abarrotado de miradas mudas,
de palabras sordas, de intenciones de humo,
de caricias que se desangran en espaldas equivocadas.


Y vuelvo a subirme al pecho de la soledad
a recostarme entre sus labios cortados
a mirarme en sus ojos ya secos de tanto llorar
y me amarro entre sus brazos desgastados
de dar amor a tantos corazones solitarios
que como el mío, vagan llenos de dudas
perdidos de no saber quién son.
Y que por muy duros que sean,
por mucho "bocao" al aire...
Tan solo buscan un reflejo de otro corazón.





miércoles, 1 de febrero de 2012

Yo no te pido tanto corazón, tan sólo tengo sueños y un rincón dónde me bebo tu risa cuando me siento mal.

No te pido que me quieras
que me abraces, que me entiendas.
No te pido que me mires a los ojos,
para que sin decir nada, digas todo.
No te pido tu risa en mi almohada 
callando mis malos despertares...
No te pido tu cariño a manos llenas,
ni tu besos en mi cuarto sin ventanas.


Sólo quiero que ésta noche te quedes
a inyectarme tu sonrisa 
a cerrarme las heridas 
hasta que la luz atraviese las persianas
o me desangre con un "Ya nos veremos".


Y termino por decir, lo siento,
déjame quedarme un poco más,
que es muy dura la puta soledad.

















lunes, 16 de enero de 2012

Mientes.

No me pidas que te llene de caricias la verdad
o de besos la mirada, cada vez que te vas.
No me digas, que fue culpa mía
que no te quería y te deje marchar.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Y qué mas dá el orden.

Por favor, cierra la puerta,
no enciendas las luces y pégate a mí.
Hoy quiero contárte a manos abiertas
y a ojos cerrados
lo que me hizo traérte hasta aquí.
Te lo cuento
con palabras tan ahogadas,
como mi corazón, odiado
tras las barras de mi pecho ya cansado
por no poder encontrarte.
Y no por eso te odio a tí,
incansable compañera,
pues te quiero como no he querido a nadie.
Que si por mí fuera,
cosería tus labios a los míos
para que se abrazaran nuestras miradas,
y dejar que el tiempo muera.
Pero por no saber no sé tu nombre
ni como es tu mejor sonrisa
que por no saber no sé
ni el color de tus pupilas.
Tú que quizás estés leyendo ésto
o quizás no lo leas nunca,
de saber, tan solo sé,
que no es el momento de dejarte
ni por un segundo del invierno más frío
traspasar, las barreras
de lo poco que queda
de éste,
pequeño y frágil
corazón.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

No lo toquéis, por favor.

Dejándo el corazón en cada esquina
pidiendo "no le clavéis espinas"
que no recibo más que dolor.


Y a pesar de todas las lacras
se va detras de la primera gata
mientras le roce con una pata
y le declare todo su amor.


Y sangra chorros de licores
que le dieron de garrafón.
Va cantando sus amarguras,
con una guitarra sin colores
que le robamos a un trovador.

martes, 29 de noviembre de 2011

Alma y cuerpo.

Me levanto sabiendo que volveré a caer,
me tropiezo y resbalo en mi sangre otra vez.
Tuve que ir dejándome deshacer en cada golpe.
Me quede con mi cuerpo y corazón a flote.
Hasta que harto de caer, decidí no levantarme.
Y ahora mi alma me lleva siempre a cuestas
solo pudiéndo arrastrarme.

Hojas arrancadas.

Hoy a solas y sin luces me pregunto dónde estas,
como me dijiste tanto y tanto se ha quedado atrás.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Una de tantas.

Una noche de tantas noches
La luna cerrará el burdel
se posará en mi ventana
y empezará a cantarme una nana
para ayudarme a dormir.
Y en ese sueño tan soñado
por mis sueños, tan vacíos
de ilusiones, de esperanzas
y amaneceres cambiados
desearán no despertar,
y no lo harán
ya que esa noche de tantas noches
no llegará.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Quiéreme tanto como te odio.

Papel de lija, para nuestros brazos.
Usa tus manos y quema mis labios.
Que ahora nos duelan hasta los abrazos,
y nuestros besos, nos sepan amargos.

Otra mañana más.

El sol entra en tu ventana y me amenaza,
enseñándome el vacío en tu lado de la cama.
Me levanto y me propongo ser distinto
digo, será diferente, pero sigo siendo el mismo.